En cierta ocasión en el foro de Fantasía de Sedice entré a leer un tema sobre las mejores películas de Fantasía de la historia.
Las opiniones surcaron por distintos derroteros, con predominio de films de la década del 80, como Dragonslayer, Ladyhawke, Willow y demás yerbas. Todo iba bien y tranquilo hasta que alguien propuso la Trilogía de El Señor de los Anillos y el foro se convirtió en una batalla campal entre fanáticos y retractores de la trilogía, que haría palidecer a la Batalla de los Campos del Pelennor.
Hipnotizado por la discusión no pude abandonar la lectura del tema hasta que fue demasiado y salí sin dejar un comentario. La batahola alcanzó cimas insospechadas con los retractores tratando de igonrantes a los fanáticos, clamándo que la cúspide del cine fantástico era Dragonslayer, que tenía mejores efectos especiales, mejor historia, mejor desarrollo, que la Trilogía era un bodrio de diez horas, que Jackson no tiene capacidad de síntesis ni del ritmo narrativo, que las madres de los fanáticos eran perras sifilíticas y cosas así (lo último fue un agregado mío pero no está lejos de lo dicho).
Por su parte, los fanáticos de la Trilogía también trataron de ignorantes a los retractores, esgrimieron premios y recaudación de la trilogía, elevaron a Peter Jackson a lo más alto del firmamento cinematográfico, alabaron efectos especiales y actuación y declararon enfermos mentales a los detractores.
¿A qué voy con todo esto? A que odio el extremismo friki. Odio que los frikis, que presumen de mentalidad abierta frente a los prejuicios de la sociedad, se conviertan en talibanes cuando se trata de discutir y defender sus gustos. Parece que les es completamente imposible aceptar los gustos de otros frikis y se enfurecen cuando alguien manifiesta una opinión contraria. Vamos al ejemplo anterior: ¿son las películas de El Señor de los Anillos perfectas? No. ¿Son una mierda hecha celuloide? Tampoco. A mí me encantan, son mis películas favoritas, pero soy el primero en reconocer que tienen sus errores. ¿Hace eso mi opinión menos válida? No. ¿Tengo el derecho de tratar de ignorante a un friki que no les guste? Tampoco.
El problema con estos frikis inquisidores es que son incapaces de entablar una discusión sin sacar las armas o de aceptar los argumentos de la parte contraria. Otro problema que tienen y comparten con la sociedad que desprecian es el síndorme de "todo tiempo pasado fue mejor". ¿Dragonslayer tiene mejores efectos especiales que la Trilogía? No. ¿Mas que les importa eso a ellos cuando sólo quieren desprestigiar lo que no les gusta?
¡La gran puta! Muchachos, respiremos hondo y dejemos de creer que somos el culmen del buen gusto, la barra por la que todo friki debe medir sus preferencias. No se comporten como cretinos y dense cuenta que todo en la vida tiene dos tipos de méritos: objetivos y subjetivos. Los frikis extremistas olvidan que sus gustos son SUBJETIVOS y que una película puede ser valorada por cualidades OBJETIVAS.
Y no sólo películas. Cómics, novelas, series televisivas, música, autores. Todos son objetivo de los frikis talibanes.
Por eso les digo: ¡Muerte a los frikis intolerantes! Son peores que las viejas de barrio y dan mala imagen a los frikis dignos y tolerantes.
¡A la mierda con estos frikis!¡Viva el frkismo sin fronteras!¡Heil yo!
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viernes, 26 de junio de 2009
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Ai guan tu biliv
Ayer de noche estuvimos de reunión con unos amigos en casa. Nos bebimos una birras bien frías, unos vinitos espumantes, y nos fagocitamos una picada fría casera.
Como en cualquier reunión la conversación saltó de un lado a otro, pasando por lo últimos chismeríos, qué película hay que ver, que Dexter es la masa y te lo paso y finalmente llegamos a un tema común en las charlas a altas horas de la noche: lo paranormal. Más específicamente, fantasmas, aparecidos, "movimientos", eré eréa.
Cada uno se contó alguna historia que le sucedió o más comúnmente, que le pasó a algún amigo. Nos pegamos unos escalofríos y unas carcajadas y pasamos a otros temas.
Lo que me lleva al tema del post de hoy, pequeñas larvas de frikis: Yo quiero creer. Quiero creer que en este mundo existen cosas más allá de lo que podemos percibir con nuestros sentidos o con los instrumentos que la ciencia nos brinda. Debo reconocer que las historias de fantasmas o sobre criaturas mitológicas locales (que son bastante comunes aquí, sobre todo entre las personas del campo que las creen a rajatabla) me erizan los pelos en las reuniones (momentáneamente, ¿qué se creen?), pero un mundo en el que existiesen sería cuanto menos un poco más interesante. De seguro muchos comparten este pensar, ya que muchos somos hijos de la fantasía de Tolkien y los terrores de Lovecraft. Mas, así mismo, como buenos súbditos del de Providence, lectores de ciencia ficción, mentes preclaras que aceptan una sola razón: la ciencia y lo científicamente probable, deshechamos estas historias sobre lo paranormal, sin importar que nos las cuenten nuestros mejores amigos, aquellos en quienes más confíamos, e inclusive, dudaríamos de nuestros propios sentidos en caso de experimentar una situación semejante.
Ya que, si la ciencia puede explicar el porqué de tales fenómenos, de nada vale ensimismarnos en lo irracional y negar la verdad. Yo que soy escéptico por naturaleza y por crianza, achaco tales fenómenos a la predisposición, a alucinaciones, a disturbios del sueño, etc.; y convencido estoy de que la ciencia tiene la razón, como cualquier persona racional.
Sin embargo, aún quiero creer, lo cual me procura cierta angustia (intelectual, no de cortarme como los emos) provocada por el deseo de creer en lo intangible y, por el contrario, la aceptación de lo racional. ¿Es imposible la comunión de ambas posturas? No lo creo; difícil sí, pero no imposible. Tal vez existan cosas que la ciencia no pueda explicar, ojalá. Un mundo sin misterios es un mundo sin curiosidad, y un mundo así es uno en el que el ser humano jamás luchará por superarse, en el que la imaginación y las ganas de "ir un poco más allá" terminarán por esfumarse.
Así que mientras tanto, sigamos del lado de la ciencia hasta que Cthulhu se levante y nos devore a todos. Allí veremos que es real y que no....
Como en cualquier reunión la conversación saltó de un lado a otro, pasando por lo últimos chismeríos, qué película hay que ver, que Dexter es la masa y te lo paso y finalmente llegamos a un tema común en las charlas a altas horas de la noche: lo paranormal. Más específicamente, fantasmas, aparecidos, "movimientos", eré eréa.
Cada uno se contó alguna historia que le sucedió o más comúnmente, que le pasó a algún amigo. Nos pegamos unos escalofríos y unas carcajadas y pasamos a otros temas.
Lo que me lleva al tema del post de hoy, pequeñas larvas de frikis: Yo quiero creer. Quiero creer que en este mundo existen cosas más allá de lo que podemos percibir con nuestros sentidos o con los instrumentos que la ciencia nos brinda. Debo reconocer que las historias de fantasmas o sobre criaturas mitológicas locales (que son bastante comunes aquí, sobre todo entre las personas del campo que las creen a rajatabla) me erizan los pelos en las reuniones (momentáneamente, ¿qué se creen?), pero un mundo en el que existiesen sería cuanto menos un poco más interesante. De seguro muchos comparten este pensar, ya que muchos somos hijos de la fantasía de Tolkien y los terrores de Lovecraft. Mas, así mismo, como buenos súbditos del de Providence, lectores de ciencia ficción, mentes preclaras que aceptan una sola razón: la ciencia y lo científicamente probable, deshechamos estas historias sobre lo paranormal, sin importar que nos las cuenten nuestros mejores amigos, aquellos en quienes más confíamos, e inclusive, dudaríamos de nuestros propios sentidos en caso de experimentar una situación semejante.
Ya que, si la ciencia puede explicar el porqué de tales fenómenos, de nada vale ensimismarnos en lo irracional y negar la verdad. Yo que soy escéptico por naturaleza y por crianza, achaco tales fenómenos a la predisposición, a alucinaciones, a disturbios del sueño, etc.; y convencido estoy de que la ciencia tiene la razón, como cualquier persona racional.
Sin embargo, aún quiero creer, lo cual me procura cierta angustia (intelectual, no de cortarme como los emos) provocada por el deseo de creer en lo intangible y, por el contrario, la aceptación de lo racional. ¿Es imposible la comunión de ambas posturas? No lo creo; difícil sí, pero no imposible. Tal vez existan cosas que la ciencia no pueda explicar, ojalá. Un mundo sin misterios es un mundo sin curiosidad, y un mundo así es uno en el que el ser humano jamás luchará por superarse, en el que la imaginación y las ganas de "ir un poco más allá" terminarán por esfumarse.
Así que mientras tanto, sigamos del lado de la ciencia hasta que Cthulhu se levante y nos devore a todos. Allí veremos que es real y que no....
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